
Su nombre era Bet. Lo conocí por accidente en el Caesars Palace en Las Vegas. Yo tomaba un Margarita en la barra y jugaba solitario, cuando se acercó con su vestido desaliñado, su andar tambaleante, un tanto presumido, unos ojos que eran como binóculos que podían ver más allá del alcance humano y me dijo - ¿Usted cree que las cartas y las mujeres se parecen? –mientras sus ojos se desviaban del foco al hablar, tal vez por el nivel de alcohol en su sangre o porque tal pregunta era una de aquellas incógnitas que aparentan ser un delirio de borracho pero que pueden llegar a definir el destino de alguien – Pero las apuestas siempre son más peligrosas con las segundas que con las primeras- le dije. Ese día nos hicimos amigos.
Bet era un joven de 21 años cuando lo conocí, con toda la experiencia en apuestas que se puedan imaginar. Sabía de póker y de rummy, era un experto en jugar limpio pero conocía los trucos ocultos detrás de las cartas, le gustaba el alcohol, las drogas y las mujeres. Lo había tenido todo y por eso no le importaba ganar nada; ese era su secreto.
Tenía la belleza típica de un joven de su edad al que la vida le había dado todo, esa belleza que oculta una lucha interior interminable, el inconformismo de vivir, la ausencia de problemas reales. Era alto y de manos grandes, unas manos grandes que podían sostener muchas cartas al tiempo, muchas mujeres o muchas botellas. Hijo del hijo del hijo de los W*********, familia reconocida por su impecable reputación y sus grandes sumas de dinero abultadas en los bancos suizos más tradicionales, Bet era considerado la oveja descarriada de la familia, la perdición de los W********, la vergüenza de papá.
Bet era un joven de 21 años cuando lo conocí, con toda la experiencia en apuestas que se puedan imaginar. Sabía de póker y de rummy, era un experto en jugar limpio pero conocía los trucos ocultos detrás de las cartas, le gustaba el alcohol, las drogas y las mujeres. Lo había tenido todo y por eso no le importaba ganar nada; ese era su secreto.
Tenía la belleza típica de un joven de su edad al que la vida le había dado todo, esa belleza que oculta una lucha interior interminable, el inconformismo de vivir, la ausencia de problemas reales. Era alto y de manos grandes, unas manos grandes que podían sostener muchas cartas al tiempo, muchas mujeres o muchas botellas. Hijo del hijo del hijo de los W*********, familia reconocida por su impecable reputación y sus grandes sumas de dinero abultadas en los bancos suizos más tradicionales, Bet era considerado la oveja descarriada de la familia, la perdición de los W********, la vergüenza de papá.
a) Bet va a la carcel
b) Bet le cuenta al narrador su historia
c) Bet tiene un accidente
d) Bet se enamora de una linda chica